Soñarnos reales y despertarnos dormidos.
sábado, 27 de julio de 2013
jueves, 18 de julio de 2013
Verano
Desde hace un mes tengo el blog un poco abandonado,
así que he preparado un post algo diferente a modo de compensación!
Un pequeño repaso de mis días en el norte :)
San Juan
Merendando en Baiona
De paseo por Vigo
En el Aquapark de Cerceda
En A Coruña, de campamento!
Disfrutando de la playa en Pontedeume
Descansando
Tarde divertidísima en Sada!
Azul coruñés
Buenos y soleados días
De paseo por la Torre de Hércules
Al buen tiempo
Perdiendo el rumbo :P
Sonriiiiiisa para empezar bien el día
En Santa Cristina con Concha
Encontrando paraísos perdidos por Mondariz
Pequeños placeres
En las pozas de Lourenzá
Pasando unos días en las Illas Ons :)
Equilibrios
Momentos mágicos
Última cena en Ons
De relax en la playa
Feliiiiiiiiiiz verano a todos!
miércoles, 17 de julio de 2013
lunes, 8 de julio de 2013
jueves, 20 de junio de 2013
miércoles, 19 de junio de 2013
Inundación
Marea
es ver cómo caen tus lágrimas.
Náufrago
es el que no se encuentra en ellas.
Consuelo
es un horizonte siempre de ida.
es ver cómo caen tus lágrimas.
Náufrago
es el que no se encuentra en ellas.
Consuelo
es un horizonte siempre de ida.
martes, 18 de junio de 2013
Vértigos terrestres
El cielo está más abajo de lo que algunos creen.
Sólo hay que ver por donde te llegan las nubes y los sueños.
miércoles, 5 de junio de 2013
G
Para mí, ella es ese cosquilleo frenético encima del vientre,
es el viento, el mar y el verde de los mil secretos.
Son las tardes recogiendo estrellas del suelo,
buscando moras y cazando ranas.
Para mí, es un acento de sal y música, un abismo
al que no temer, al que no caer, por el que fluir.
Son unos ojos azules que no vuelven a abrirse
pero que nunca se cierran en mi corazón, los de mi padre.
Para mi, ella son los laberintos en la montaña, la libertad
que tiene el perderse encontrándose. El respirar vida.
Son los sueños lanzados desde un balcón con vistas
al infinito más inmediato. Y la niebla recibiéndome a deshora.
Para mí, ella es el equilibrio perfecto, la magia blanca más pura,
los cielos más altos y anchos del mundo. Y los atardeceres sin fin.
Son mareas de sentimientos, de sabores, de tactos y de colores,
una lucha interna de sonrisas, una lluvia de lágrimas y morriña.
Para mí ella no eres tú, somos nosotros, porque no puedo excluirme.
Nunca pude. Libremente le pertenezco.
Porque es tan importante lo que Galicia es para mí,
como lo que quiero ser para ella.
es el viento, el mar y el verde de los mil secretos.
Son las tardes recogiendo estrellas del suelo,
buscando moras y cazando ranas.
Para mí, es un acento de sal y música, un abismo
al que no temer, al que no caer, por el que fluir.
Son unos ojos azules que no vuelven a abrirse
pero que nunca se cierran en mi corazón, los de mi padre.
Para mi, ella son los laberintos en la montaña, la libertad
que tiene el perderse encontrándose. El respirar vida.
Son los sueños lanzados desde un balcón con vistas
al infinito más inmediato. Y la niebla recibiéndome a deshora.
Para mí, ella es el equilibrio perfecto, la magia blanca más pura,
los cielos más altos y anchos del mundo. Y los atardeceres sin fin.
Son mareas de sentimientos, de sabores, de tactos y de colores,
una lucha interna de sonrisas, una lluvia de lágrimas y morriña.
Para mí ella no eres tú, somos nosotros, porque no puedo excluirme.
Nunca pude. Libremente le pertenezco.
Porque es tan importante lo que Galicia es para mí,
como lo que quiero ser para ella.
Me vuelvo al norte.
martes, 4 de junio de 2013
domingo, 2 de junio de 2013
sábado, 1 de junio de 2013
Junio
Junio, el sol, las flores, el sonido de los tambores,
un vestido largo, hablar con la mente, las manos finas,
las ganas.
Junio, las sonrisas, un sábado, una fotografía olvidada,
un abrazo de piernas, el incienso, un pintalabios,
el vino.
Junio, lo posterior, el negro, el pelo rizo,
los días contados, el hambre en las manos,
la luz.
Junio, los versos de B. Prado, la risa, lo fugaz,
la ropa olvidada encima de la silla, los reencuentros,
el cielo.
Junio, el no estar, la playa, un concierto a tres guitarras,
encontrar en mi cuaderno la inspiración de Tomi escribiendo;
''Tengo los ojos del color de la tierra,
y, por eso, no me creo las raíces
que me vendes."
Junio, que empieza contigo pero sin ti,
como nunca han de pasar las cosas.
Junio, que siempre acaba llevándome
al pecado de recordarte en julio,
y es que a quién he de explicarle
que yo te recuerdo en todas las letras del abecedario.
un vestido largo, hablar con la mente, las manos finas,
las ganas.
Junio, las sonrisas, un sábado, una fotografía olvidada,
un abrazo de piernas, el incienso, un pintalabios,
el vino.
Junio, lo posterior, el negro, el pelo rizo,
los días contados, el hambre en las manos,
la luz.
Junio, los versos de B. Prado, la risa, lo fugaz,
la ropa olvidada encima de la silla, los reencuentros,
el cielo.
Junio, el no estar, la playa, un concierto a tres guitarras,
encontrar en mi cuaderno la inspiración de Tomi escribiendo;
''Tengo los ojos del color de la tierra,
y, por eso, no me creo las raíces
que me vendes."
Junio, que empieza contigo pero sin ti,
como nunca han de pasar las cosas.
Junio, que siempre acaba llevándome
al pecado de recordarte en julio,
y es que a quién he de explicarle
que yo te recuerdo en todas las letras del abecedario.
viernes, 31 de mayo de 2013
jueves, 30 de mayo de 2013
miércoles, 29 de mayo de 2013
lunes, 27 de mayo de 2013
sábado, 25 de mayo de 2013
Mi puzle
Al único chico
que lleva un libro de Bukowski
en la guantera del coche,
por ser pieza clave.
por ser pieza clave.
La vida es al fin y al
cabo como un gran puzle, un completo rompecabezas que dirían algunos, y no les
quito la razón, todo lo contrario. Creo que esta es una de mis teorías vitales,
pieza a pieza, con calma y la destreza que nos otorga el día a día; nos construimos.
Al principio – porque todo
ha de tener un inicio -, al nacer, es sencillo y fácil, porque son pocas las
piezas que debemos encajar, y aunque estamos empezando a descubrirlo todo,
tenemos pocas preocupaciones – o menos de las que en un futuro nos aguardan -. De
hecho, solemos tener a esas dos personas grandes que andan siempre pululando a
nuestro alrededor y que nos ayudan a colocar esas primeras piezas, y qué
importantes son para que entonces todo encaje.
Nuestros padres son
los que nos ayudan a ir colocando las primeras y quizás las más importantes,
porque nos dan las bases para empezar todo el entramado. Todo es normal, tanto
por nuestra parte como por la de ellos. Nosotros empezamos ahora, ellos ya
están de vuelta de todo.
Nosotros descubrimos
nuevas cosas, ellos ya van por la síntesis. Nosotros vemos tan solo el momento
presente, ellos ven una vida entera. Nosotros nos creemos capaces de todo,
ellos se creen indispensables hasta para la menor cosa.
Nosotros vemos pasar
el tiempo quizás demasiado de prisa, a ellos les cuesta creer que tú no eres el
“mocoso” de siempre. Nosotros somos una libertad que se yergue; ellos, una
autoridad que se siente algo amenazada.
Nosotros nos sentimos
revolucionarios por naturaleza y quizás por ignorancia; ellos son conservadores
por experiencia.
Y lo mejor del caso es
que será siempre así. Es una ley de la humanidad. Y lo malo es que los seres
humanos tendemos a tener la memoria corta.
Sin embargo somos
nosotros, los que tenemos que hacer nuestra vida, cada cual la suya,
rehaciéndonos y reinventándonos a cada paso, a cada momento. Y cada persona, cada
situación y cada experiencia son nuevas piezas que ir encajando en nuestro gran
puzle.
En muchas ocasiones
dudamos de donde colocar la pieza que en ese momento cae en nuestras manos y
nos sentimos confundidos, porque no sabemos si va al lado de nuestro corazón o
tan solo está allí para ayudarnos a recolocar otras piezas que andan sueltas y
no encuentran su lugar.
Pasa a veces que
creemos que alguna son poco importantes o quizás a primera vista puedan
parecerlo, pero al igual que son muchas las piezas que componen un cielo azul,
todas tienen un valor incalculable, porque si falta tan solo una, las demás no
tienen sentido.
El ser humano es
soñador por naturaleza, lo que hace que muchas veces pierda el norte real de
las cosas, tenemos tantas ilusiones, hacemos tantos planes en base a lo que
hemos soñado, que cuando estos fallan o no se cumplen tal y como habíamos
esperado, el abatimiento nos inunda, son esos momentos en que nos encontramos
con un montón de piezas y no sabemos qué hacer con ellas.
Y es que no siempre
depende de nosotros mismos, el conseguir que estos sueños se realicen, y es
entonces cuando se mezclan las piezas de otro puzle para formar uno más grande.
Entonces hay un tiempo
de desbarajuste total, diferentes paisajes, diferentes momentos que cada cual
ha vivido por su lado y que tan solo con mucha paciencia, una gran dosis de
comprensión y mucha fuerza de voluntad se pueden ir superando.
Son esas vivencias que
a lo largo de todo este tiempo hemos tenido las que nos forman como personas,
en las que nuestra personalidad se basa, para que a la hora de reaccionar ante
estos momentos de desconcierto, tomemos las decisiones más oportunas.
Y aunque no siempre
son las mejores, ni las que nos hacen más felices, tenemos que colocar esas
piezas también, encajarlas como mejor podamos dentro de nuestra mente y lo que
es más importante dentro de nuestro corazón.
En muchas ocasiones
complicamos las cosas más sencillas, pero por suerte las personas tenemos el
don de la palabra y cuantas veces desperdiciamos esta gracia y callamos en los
momentos en que una sola palabra haría que encajaran cien piezas de golpe.
Y ¿por qué? Por
nuestros miedos, tantos miedos que nos detienen, tantos miedos que nos coartan.
Qué pensaran los demás de mí si en este momento encajo esta pieza en mi vida,
qué dirán de mí si no hago, precisamente, lo que ellos esperan, etc.
Y hasta ese extremo
llegamos a condicionar nuestras vidas, y en la mayoría de casos, nos perdemos
lo mejor que nos tiene guardado, las sorpresas que nos depara el destino y que
hacen que merezca la pena seguir sin rendirse.
A veces esos trozos
que forman nuestro puzle cambian de valor y lo que hasta hace un tiempo era
pieza base en nuestra vida, donde giraba todo a su alrededor, por un motivo u
otro pasa con el tiempo a un segundo plano.
Podrían ser los amigos
que en nuestro camino encontramos y que en su momento son tan importantes y que
el tiempo o la distancia hacen que se olviden, aunque no del todo, porque cada
una de las personas que a lo largo de nuestra vida conocemos hace que se
enriquezca esta.
Inevitablemente algunas
dejan un rastro de dolor a su paso y una marca de la herida que causo, que como
una pequeña cicatriz, en un principio duele a rabiar, para acabar dejando tan
solo una señal que con el tiempo, casi ni la vemos o que solo nos acordamos de
ella en contadas ocasiones.
Son surcos de unión
entre pedazo y pedazo, necesarios para que todo encaje, porque al igual que no
sabríamos distinguir entre penas y alegrías, sino hubiera de las dos cosas para
poder comparar, tampoco sabríamos cuando algo es bueno, si no tuviésemos algo
de malo. Y es que aunque a veces nos cueste reconocerlo también disfrutamos el
doble de un día de sol si el anterior fue triste y lluvioso.
Ya sé que son tópicos,
pero cuantas veces en situaciones que nos creemos al límite de nuestras
fuerzas, cuando no encontramos la salida, cuando parece que todo nuestro puzle
se nos cae encima, porque alguien ha dado un fuerte golpe encima de la mesa y
nos ha descolocado todo. Olvidamos que no es así, que de una forma u otra se
sale, más o menos dañado, pero mientras se tiene un aliento y un latir en el
corazón, el paisaje de nuestra vida seguirá pintándose pieza a pieza.
Así pues somos un
conjunto de características, de recuerdos, de deseos, de frustraciones, de mil cosas que hacen de nosotros la
persona que somos. Somos un puzle a medio terminar, un puzle del que vamos
perdiendo algunas piezas por el camino y encontrando otras. Siempre a medio
hacer, siempre renaciendo.
Las fichas que nos componen son muy variadas y no siempre podemos elegirlas (lo que quiere decir que, otras muchas veces, sí que podemos deshacernos de aquello que no nos gusta, y cambiarlo). Somos nuestros miedos, pero también somos nuestra capacidad de sobreponernos a ellos. Intentamos dejar de ser aquello que olvidamos, echándolo de nuestro lado y de nuestra memoria, pero inevitablemente seguimos siendo parte de lo que éramos cuando lo recordábamos, porque cada experiencia nos marca y como he dicho, todo lo vivido deja cicatrices que no siempre podemos borrar sólo por desearlo.
Somos parte de aquello de lo que nos rodeamos; nuestros amigos, nuestro trabajo, nuestra familia, nuestros amores... hacen marcas en cómo somos y cómo seremos mañana. Son más piezas que nos completan, sin las que no seríamos nosotros mismos.
Somos un puzle en continuo movimiento, con dibujo cambiante pero siempre teniéndonos a nosotros como imagen de fondo en ese paisaje. Y ese puzle -al menos, mi puzle- nunca está terminado, por lo que siempre que nos detengamos a mirarnos en el espejo, siempre que pensemos detenidamente en quiénes somos, en nosotros mismos... nos atacará una sensación de estar incompletos, de que algo nos falta, de que no somos un ente estable y definido. Un pequeño vacío latiendo dentro.
Pero es normal. Son las piezas del puzle que nos están esperando allá, tras la esquina o un poquito más lejos. Porque tiene que haber sitio para ellas, para las nuevas experiencias, las nuevas personas con las que nos cruzaremos y que también tienen que dejar su huella en nosotros. Así que, claro, nunca estamos completos, y cargamos siempre con ese pequeño vacío a nuestra espalda.
Porque sin él, sin ese vacío, no habría hueco para nada más. Para más piezas, más sueños, más amores, más amigos que hoy no conocemos, más experiencias. ¿Quién querría andar por la vida siendo un puzle en el que no cupiera una sola pieza más? Así que ese vacío que a veces nos ahoga... no deja de ser una suerte.
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