y decir que nuestros cuerpos encajaban igual
que dos piezas de tetris lanzadas al azar
entre millones de seres de toda la ciudad".
Ellos piensan que soy agua y que jamás podré ser tierra, como mucho algún día llegaría a ser tierra mojada. Se ríen. Lo dicen porque creen que no voy a parar quieta en ningún lugar y que todo a mi alrededor se mueve a tal velocidad que cuesta hasta crear recuerdos que parezcan reales. Entonces me hablan se Sigur Rós, de películas substituladas con finales drámaticos, de mis lágrimas que son más agua, y de esa manía de desaparecer sin avisar.
Los miro sin decir nada, prefiero esperar a que suelten hasta la última espina, aunque me las claven a mí. Vuelven a reír. Entonces me dicen, con pena, que nadie comprende a la gente que siente tan radicalmente la luna llena, a los que compran flores para la habitación y acaban regalándolas a desconocidos, a los que lloran con cualquier muestra de arte, un video de danza, unas fotografías de McCurry, una cinta de un amigo tocando el piano, o un poema desconocido..
Se aproxima el final con un; Todo el mundo teme a esa gente, por eso nadie llegará a seguir para siempre tu corriente, pero, aunque parezca contradictorio, eso es lo más espectacular.
Les sonrío y empiezo a cantarles. Amapola, lindísima amapola, no seas tan ingrata, quiéreme.. Mientras pienso que soy tierra..
La lluvia mientras desayuno y mientras duermo. Tu voz en mi pelo, en mi pecho y en mi lengua. El frío mientras leo y escribo, mientras cruzo mi vida con la tuya. Los llantos enterrados. Las sonrisas desatadas. Las prisas por la mañana. Contradicciones. El sueño en su máximo significado. Mi corazón bombeando pasión. Trasnochar. Observar a la gente. Las llamadas desconocidas. Sincronizar la radio mientras conduzco. Las calles que siguen comunicando. Personas que me devuelven a mí misma. Él, que una vez más se equivocó de brazos en los que resguardarse. Imaginar el cogerte de la mano. Las personas mayores, su ilusión. El viento en la riera. Dejar el sentimiento y el dolor atrás. Despedirse. Aprender a no aceptar promesas inconscientes. Todo con poca sal. Tomar té con Judit. Mis labios acortando las distancias. Que alguien note la tristeza camuflada en mis mejillas. Huís sin saber adónde. El tren. Cámaras analógicas de bienvenida. Escribir incoherencias que en realidad tienen demasiado sentido. Las uñas de un color sin nombre. Dejar de morderlas. La morriña. Fumar poco. Volver a ver a Andrés, y su emoción en mi piel. La sonrisa orgásmicas compartidas. Volver a medir el tiempo en latidos. Conexión directa con un corazón en el Cabanyal. Unipensamientos. Cambios. Atreverse. Viaje al centro del huracán. Serrano y Marwan de banda sonora.
Mi vida últimamente.
