viernes, 30 de marzo de 2012
y eso es lo mejor de no verte.
lunes, 20 de febrero de 2012
Ni tu ni yo.
martes, 31 de enero de 2012
O diseccionar el corazón.
sábado, 28 de enero de 2012
Hay que cerrar.
Hay un velero a lo lejos que asoma al final de la barra.
Hay una dama gastada y un hombre sonriendo a un desliz.
Hay una suerte de risa flotando en el muro sin aire.
Hay compromisos varados en cuerpos contra la pared.
Hay demasiado volumen en versos que no escucha nadie.
Hay pasos torpes de baile diciéndose "apríetame más".
Hay un 'quizás' si es que suena un bolero.
Hay algo más cuando suena el piano.
Hay una luz salvando el amor.
lunes, 23 de enero de 2012
miércoles, 4 de enero de 2012
De mudanza.
Seguramente así sea más fácil la mudanza a ese continente llamado Corazón.
viernes, 30 de diciembre de 2011
miércoles, 23 de noviembre de 2011
martes, 22 de noviembre de 2011
Vivir lo lejos con lo cerca, lo vacío con lo lleno, lo infinito con lo finito, lo único con lo múltiple... pero, cómo podré unir algo que nunca estubo separado?
sábado, 19 de noviembre de 2011

domingo, 6 de noviembre de 2011
y poder enseñarme la playa. Apuró el paso.
Nos cayó el vaso y rompió salpicándole flores,
en su pelo tallado el verano. Apuré el vaso.
Y tengo miedo de encontrarte
y no aguantar las ganas de tirarte al suelo;
volver a romperte la falda.
Luego tejer un mantel
entre mi boca y su pecho..
Llenar de sal los pliegues de su espalda.,
La vi bañarse una vez
y me sacó los colores,
la vi desnuda y lloré,
lloró conmigo la noche.
Bailé con ella después
como buen enamorado.
"Cántame algo", y canté
lo que ella quiso y los barcos...
...fugaron para volver
a dejarme tirado en un puerto.
Su acento era milagro. El viento..
rizandole en silencio, la piel,
a la arena pegada, y los besos..
siguientes fueron hoy.. quédate.
Y me quedé parado en el tiempo.
Y nos siguió la marea.
Prendimos fuego al hostal,
me entretuve con la orquesta,
disfrazados de dos más
nos declaramos culpables
de la subida del mar.
Desafinamos canciones.
Se nos prohibía llorar.
Hoy te he vuelto a recordar.
Hoy te he vuelto a recordar..
¿De qué me sirve esperarte
si me entra el sueño y no hay más
que un circo triste y cobarde
que no quiere regresar?
Te veo en cada gaviota
aunque no sepa si hay mar.
Detrás de cada pareja
no tengo con quién bailar.
Desnúdate que hay tormenta
y llueve por no llorar.
Juré contar nuestra historia,
nunca decir la verdad.
Te llevaste mi memoria.
Juraste no regresar.
Te veo en cada gaviota.
Hoy te he vuelto a recordar.
jueves, 30 de junio de 2011
pero se avanza a tientas
uno adelanta manos como un ciego
ciego imprudente por añadidura
pero lo absurdo es que no es ciego
y distingue el relámpago la lluvia
los rostros insepultos la ceniza
la sonrisa del necio las afrentas
un barrunto de pena en el espejo
la baranda oxidada con sus pájaros
la opaca incertidumbre de los otros
enfrentada a la propia incertidumbre
se avanza a tientas
lentamente
por lo común a contramano
de los convictos y confesos
en búsqueda tal vez
de amores residuales
que sirvan de consuelo y recompensa
o iluminen un pozo de nostalgias
se avanza a tientas/ vacilante
no importan la distancia ni el horario
ni que el futuro sea una vislumbre
o una pasión deshabitada
a tientas hasta que una noche
se queda uno sin cómplices ni tacto
y a ciegas otra vez y para siempre
se introduce en un túnel o destino
que no se sabe dónde acaba.
lunes, 20 de junio de 2011
miércoles, 27 de abril de 2011
Regalo de Pedro Andreu
A papá:
los domingos, sin ti, son otra cosa
-------------------[Madrugada del 23 al 24 de noviembre]
La carretera mojada. Nuestro coche
que quema la calzada como una yegua triste.
Y atrás, a nuestra espalda, es ya Palma
de Naranja, Palma Negra.
Los campos se acobardan debajo de la lluvia
y el mundo se nos viste de nana de The Cure.
Almendros y algarrobos asustados
corriendo a nuestro lado, bajo el agua.
La madrugada en pánico. Cinco hermanos
a bordo de este coche borracho de dolor.
Atravesamos el camino de grava
donde mi hermana atropelló a una perra,
hace más de diez años.
La verja de nuestra casa abierta.
Una ambulancia. Las sirenas
—azul de pesadilla—
de un patrullero de la policía local.
Una madre llorando en el salón de casa
—nuestra madre—
donde aún nos juntábamos todas las navidades.
Nuestro padre sin vida en su cama de siempre,
roto como el motor de un ciento veintisiete.
Vértigo de oírlo todo como de demasiado lejos,
la lentitud de dieciséis cafés en una sola noche.
Trabajadores de la funeraria con guantes de látex
y ayudarles a llevar el ataúd
bajo la lluvia hasta una furgoneta.
Mamá de un lado al otro de la casa,
como una marioneta bajo efectos del válium.
Qué manera tenían las palabras de llenarse
de líquida torpeza, de pudrirse despacio
en nuestras bocas. A mis hermanas
la menstruación se les cortó de golpe en las entrañas.
El último cigarro de papá me miraba
desde aquel cenicero. La última cerilla que sus ojos
pudieron ver raspar y arder en el planeta Tierra.
Su cama ya deshecha para siempre.
Tenía el corazón tan grande que, al detenerse,
se vació del frío que ha invadido la casa.
--------------------[24 de noviembre]
Luego, al día siguiente, el velatorio
—y allí mi padre con un paquete
de Récord en las manos—
y familiares lejanos que se nos acercaban
a arañar todavía un poco más
nuestro dolor de carne con nombre y apellidos.
---------------------[Mediodía, 25 de noviembre]
Y al fin incinerarlo, aquel último paquete
de tabaco
entre sus manos,
que perdieron el tacto.
Sesenta y ocho años han cabido
en una urna negra.
--------------------[Atardecer bajo una higuera, 26 de noviembre]
Debajo de una higuera,
cinco hermanos, sus parejas,
una mujer –nuestra madre—,
diez nietos, un puñado de amigos
y la tarde agazapada encima de los campos.
De Dios no había rastro, pues papá era ateo
y nadie lo invitó. Cavamos media hora.
Plantamos a mi padre, regresamos
sus restos a la tierra, para que fueran barro.
Lanzamos unas rosas y claveles.
Dijeron a los niños que ahí
había que enterrar tesoros de su abuelo
porque se había ido a una estrella infinita.
Así que una de mis sobrinas le escribió una carta
y la dejó caer.
Otra le compró un paquete de cigarrillos negros,
y lo dejó caer.
Un tercero, entre lágrimas,
reunió sus cromos del Atleti
—era el club de papá—,
y los dejó caer.
Los nietos más pequeños pintaron unos folios
y los dejaron caer.
Mi hermano sacó de un bolsillo de su chupa
un libro que le habían publicado
y lo dejó caer.
Después echamos, uno tras otro,
una pala de tierra, hasta tapar el foso.
Y abrimos un paquete de tabaco
y fumamos un último cigarro de la marca
de papá, y si cerrabas ojos se le podía oler.
Entonces Venus brilló en el cielo
y mi sobrino de tres años dijo:
¡La estrella del abuelo!
¿Podemos ir a verlo en autobús?
-------------------[Ya ha anochecido, 26 de noviembre]
Así que hoy no me habléis
de todas esas cosas tristes
que a veces es la vida, ni de papá tan muerto
como una olla de barro crujida a la mitad
ni de estas plumas negras que nos dejó su ángel.
Nos enseñó a gozar de las cosas sencillas,
cotidianas, del placer escondido en cada gesto.
Y hoy lo hemos sembrado debajo de la higuera
que él mismo había plantado hace más de treinta años.
Y hemos hecho paella en el fuego de leña
y nos hemos sentado a la mesa de piedra,
como cada semana. Pero falta una silla.
Ya siempre nos faltará una silla
a la mesa
los domingos.
Hemos plantado
la vida de mi padre debajo de su higuera.
He heredado un jersey.
Lo llevo puesto para escribir este poema.
Lo he mojado de lágrimas. Pero no importa.
Lo difícil será volver a nuestro campo y saber
que no aparecerás en bata a recibirnos.
Quisiste regalarnos las ganas de vivir, sencillamente eso,
pero no quedan fuerzas...
Cuánto cuesta borrarte de la vida,
aunque ella te haya borrado a ti ya
y continúe girando a nuestro alrededor el mundo,
como si nada hubiera sucedido anoche.
Cuesta tanto aceptar que no crujiera el eje del planeta
a las doce y catorce de ayer noche,
cuando llegó la nada a tocar a tu puerta
y a llenar de basura
las próximas semanas de nosotros.
martes, 5 de abril de 2011
domingo, 3 de abril de 2011
miércoles, 9 de marzo de 2011
jueves, 24 de febrero de 2011
unos metros más atrás de donde el cielo se mezcla con el mar.
Al menos asi es como siempre te veo.
A veces caes en la espuma y no vuelves nunca.
Tu cuerpo es esclavo del mar...lo adoras por su belleza, por su carácter, porque es algo más efímero que tú. Y cuando me acerco a ti y te abrazo escucho su sonido.
Al menos sé que algún día llegarás al horizonte, donde puede que todo sea más fácil.


